El sector textil y de confección en Argentina ha enfrentado una reducción significativa en el empleo, con una caída del 46,7% en comparación con el año 2023. Este descenso, según datos de la Secretaría de Producción y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), refleja una situación crítica en un sector que históricamente ha sido un pilar económico para el país. Los fabricantes y empresarios en el ámbito textil señalan que la caída está vinculada a una serie de factores, entre ellos la desregulación del mercado y la falta de inversión en innovación tecnológica.
Según un informe reciente publicado por La Nación, la ropa ya está siendo vendida en un 30% más barata en el contexto de la gestión económica de Sergio Milei, pero el sector textil ha perdido el mayor porcentaje de empleo en comparación con otros sectores fabriles. Este contraste es particularmente relevante en un momento en el que el país busca reactivar la producción manufacturera.
El desplome en la actividad textil no solo afecta a las empresas, sino que también genera una crisis en el suministro de productos para el mercado interno y exportador. Los productores informales, que han sido históricamente importantes en este sector, están enfrentándose a una mayor presión por la falta de mano de obra y materiales. Este fenómeno se refleja en una disminución de la producción y un aumento en los costos de fabricación.
En el contexto global, el sector textil enfrenta desafíos similares a otros países, como Europa, donde también se observa una reducción en la producción de tejidos y prendas. Sin embargo, en Argentina, el impacto es más pronunciado debido a la falta de financiamiento y la desregularización de las cadenas de suministro.
Los funcionarios nacionales, en cambio, sostienen que la alta precio de la ropa se debe a un aumento en los costos de materiales y una política de proteccionismo que limita la importación de tejidos. Este disenso entre las autoridades y el sector privado ha generado una falta de coordinación en la toma de decisiones, lo que ha exacerbado la crisis en el sector.
El problema no se limita a la producción; también afecta a las familias argentinas que dependen de la textil como fuente de ingresos. Los trabajadores informales, que conforman el 70% del empleo en el sector, están en una situación crítica, con muchos de ellos migrando a otras actividades o quedándose en la informalidad.
Para mitigar esta crisis, se requiere una estrategia integral que incluya la inversión en tecnología, la reducción de barreras para la importación de materiales y la promoción de la producción local. Además, es necesario garantizar que los trabajadores informales obtengan acceso a beneficios sociales y condiciones laborales adecuadas.